lunes, septiembre 18, 2006

Hojas de hierba

Walt Whitman estuvo aquí:


25. No soy mala hierba,

sólo hierba en mal lugar...

Enrique Bunbury, Sácame de aquí

domingo, septiembre 17, 2006

Las hormigas muertas

Confiado de que la literatura sirve para algo, no dudé en ayudar a mi padre cuando encontró un campamento de hormigas feroces justo a la entrada de la casa. Hacían de las suyas entre la basura, y como todo lo que sucede en esta casa es mi culpa, también resultó serlo el que las hormigas se instalaran ahí con veraniega comodidad. Antes de cualquier acción definitiva, pedí tiempo para ir por José Carlos Becerra e investigar lo que proponía él en estos casos. En efecto, como lo recordaba, en El otoño recorre las islas viene un poema llamado cómo retrasar la aparición de las hormigas, y en él se habla del paso del tiempo, de los padres, de la juventud y de la vejez. Pero nada de qué hacer cuando las hormigas se dejan de metáforas y se cargan la comida en la espalda. Mi padre, siempre atento, me preguntó si las íbamos a matar leyéndoles. Fin de la discusión. Usó Raid.
Y luego voy y leo que a J.M. Coetzee le preocupa que sus traducciones al coreano o al serbio no sean del todo claras. Uta. Preocupado debería estar porque sus libros en el idioma original le sean de utilidad a quienes los leen.

lunes, septiembre 11, 2006

¡Adiós su Majestad, mi Reina, mi ciudad, adiós!

1. Mi próxima novia será una botarga. Muy gorda y muy bonita, repartirá besos y saludos por la calle a todo aquel que quiera recibirlos. Los niños, o las mamás de los niños, la detendrán para sacarle fotos, para que los salude de mano, mientras yo reiré divertido y no me dará pena que me digan que me vieron con mi novia la botarga.
Pero no pasaré más de una noche con ella. No quiero descubrir sus secretos. No quiero ver su rostro demacrado y triste. No quiero oírla gritarme, desde el baño, que ella conoce mil hombres mejores que yo.

2. Así ha sido mi vida: náufrago y congelándome, se me ha pedido que me aferre bien a los pedazos del barco, que no tardarán en venir a rescatarme. Y me lo dicen desde la cubierta de un barco en fiesta, con todas las luces y todas las risas encendidas. Entonces me suelto y floto, porque la deriva no conoce de egoísmos ni rupturas ni terminará mirándome con lástima. Cada vez que naufrago, la deriva me lleva a un refugio temporal, donde me dan cobijo y la sopa está tibia pero no más. Hasta que me echan.
Acostumbrado así a que nunca es para siempre, hoy me dispongo a soltar mi pedazo del barco. En la cubierta del que se aleja comienzan a repartir las luces de bengala y a decirme adiós con las guirnaldas.

3. No voy por la vida contando mis cosas, y me he negado a colgarme de una cadena la tablita esa que dice: “Quiéreme, seré escritor”. Mis amigos son divertidos y viejos, en ese orden, y hace diez años contamos un chiste que hoy sigue haciéndonos gracia. Robé por necesidad; traicioné una sola vez y aprendí mi lección. Miento todo el tiempo, pero dejaré de hacerlo cuando me vuelva de verdad un espía, un partisano, el genio a premiar, Steve McQueen. Nunca he roto el corazón de una mujer, pero el mío acumula medallas por lo contrario, como marcas de inundación. Amé y no me amaron, o dejaron de hacerlo, y muchos creerán que así será el fin, pero yo convocaré a los que aún no se rinden, haremos una fiesta y después los invitaré a verme morir. Creo en el destino, en el azar, en los concursos con la presencia de un interventor de la secretaría de Gobernación. Y creo que al final seré feliz, porque la vida ya no tendrá secretos para mí, porque este día tan largo por fin terminará, porque lo posible por perder lo habré perdido ya. Seré feliz. Ya lo verán.

jueves, septiembre 07, 2006

Iván el equilibrista

Hablar de los muertos es hablar de uno mismo, de las cosas que nos pasaron cuando éramos niños, de un corazón entre las sábanas que era como una isla, tibia y sola como una hermana coronada y roja. Como granada.

Hablar de esos años es ganarle a la ausencia en partido arreglado, los idos uno Iván cero, es mirarle los hilos a la gracia, espiar al mago entre la gente o saber que a la larga ella terminaría largándose.

Hablar de la víspera es contar las mañanas con los dedos, mirar como mira la alegría un ciego, soñar la caricia dura del homicida y su patente de corso contra tu ternura. Es dar un golpe y salir corriendo, en pie de lucha un botín de luz. Una ilusión.

Pero en tu casa buscaré la condición del azar, el estanque del maharajá, la maldad que te di. La canción de Goliat.