jueves, septiembre 01, 2011

2. Arborescencia


Brotan
las ciudades
a tu paso,

nace
la materia
en tu mirada,

todo
de ti
tiene la forma,

todo
de ti
toma su nombre,

todo te imita.

Raíz
latente
mi corazón,

también
él brota
si tú lo miras,

también él nace.

Y nada lo tala,
nada lo vence,
nunca nada lo cimbra.

Él semilla
en tierra
y tú labranza,

tú signo fértil,
tú dulce espera,

tú morada.

jueves, agosto 25, 2011

Lázaro en su segunda agonía

I.

Todas esas cosas
–la sanación
el aura misteriosa
el alba sin hora y sin fisura
el límite reconocible
el miedo que tuve las formas que vi–
me hicieron ser lo que soy dos veces
pero también hicieron de mí
un hombre más nuevo


                                        Me consume solamente
                                                              este sueño:
                                                   el de estar por fin
                          dispuesto a todo y no encontrar
                                                                        jamás
                                                    ningún obstáculo



II.

Del amor proscrito
y al amor devuelto
porque el amor
es el río que corre
tímido o fuera de cauce

Pero no devuelto
al amor de siempre
porque el amor
es el tiempo que vuelve
nunca sobre sus pasos



III.

Al tacto a la soledad al abandono
al vuelo a la vivienda a lo vacío
al amo al ruiseñor a lo preciado
al ruido de la noche a su sigilo;

al rumor
a la barranca
al sueño extraño;

a la cálida añoranza
a las fiestas patronales
a la espera que termina
al día menos pensado
a tu pubis a tu rostro
al frío aliento de Cristo
a su amor a la distancia

vuelve el mundo, se va abriendo




jueves, agosto 18, 2011

Alegría de los tigres

Los hombres se ponen tristes
de tristeza,
como un mango verde
que madura
y se vuelve un mango.

Los hombres se ponen tristes
así, por ponerse,
por no poder ponerse
de otra forma,
porque sí.

Los hombres tristes
son tristes en su infancia,
de grandes siguen tristes
y al final, de viejos,
se los lleva la tristeza.

Pero mi tristeza
es de las otras,
es divina,
tiene tu forma
y responde a tu nombre,

nos fue dada,
heredada
de los Sagrados Tristes,
dadores de este falo
y de tu encanto.

Por eso,
mirándote llegar a mí
sólo para abandonarme,
en el Club de los Tristes
me envidian todos.

Esos tristes
quisieran
estar tristes
porque alguien
como tú, los abandona.

jueves, agosto 11, 2011

1. Llamarada

Fulgor de relámpago,
niña
como un astro,

encendida
llevas la carne,
quemas con el tacto,

en tus palabras
la hoguera,
alimento de señales,

das luz
a la sombra:
me alumbras.

Yo soy
la caverna oscura,
el mineral oculto,

la noche
sin estrellas,
el sitio que te espera.

La tea en la mina,
el rojo vivo,
la casa ardiendo,

seremos.

jueves, agosto 04, 2011

Vigilancia


Este dolor que siento
lo sintieron ya otros.

Este mísero esperar tras de la puerta, como esperaron otros, este andarte tontamente pensando, como también pensaron otros, este ocuparse las horas añorando tu abrazo como ya otros, en alguna otra hora, habrán añorado. Ninguno obtuvo nada a cambio. ¿Acaso espero yo algo distinto?

Y aún así,
me planto.

Voy dándome ánimos a mí mismo, me consuelo, me insisto, me amacho. Escribo todo aquello que va a sucederme cuando tú estés a mi lado. Todo lo bueno. Todo lo claro. Me entrego a la disciplina y aguardo, con la alegría del niño que intuye, en el hondo silencio de la madrugada, los últimos minutos de la noche,

la luz
que ya viene.

martes, agosto 02, 2011

Avisos parroquiales

Queridos lectores:

Con esos modos amables que tiene, y que algunos de ustedes ya le conocerán, el autor de este bonito blog me pidió informarles, así como quien no quiere la cosa, que dos textos suyos aparecen publicados en un pasquín en línea, de pinta sospechosísima, y con temas francamente para orates.

Cuando me pidió el favor, yo estaba empujándome unas jericallas de lo más a gusto, muy quitado de la pena, con este porte altivo que el Dios de los Blogs me dio. Para que dejara de molestar, le ofrecí uno de mis dulces autóctonos, y lo tranquilizaba diciéndole: “sí, ahorita”, pero ni así se estuvo sosiego. Claro que yo soy un amor, y al final accedí a pasar el recado, y si refunfuñé fue sólo por lo de mi paz arrebatada, nada más.

Así que ahí les va: el pasquín ese se llama Revista Registro, y el primer texto es sobre una paloma y un ratón, que se conocen y al principio no se quieren pero al final terminan haciendo cosas de palomas/ratones. Ese texto está aquí mero.



El otro es sobre la grave crisis educativa en México, un tratado así superperrón que, no sé bien porqué, también habla de algunos virus y calzones y de científicos rusos. Fuchi. Ese otro texto, está acá.



¿Cómo? ¿Que el primer texto no habla de ningunos animales? Oh, que la canción. ¿Mande? ¿Que el segundo sólo se trata de puro sexo loco? Me lleva el diablo. Pues entonces díganle al autor de este bonito blog, que venga él mismo y en persona a dar sus recados, y que a mí me deje en paz. ¿Cómo la ven?

Atentamente,

El Blog.

PD. Ah, sí. Se me olvidaba. Que dice Su Majestad que también pueden echarle un ojo a su texto en la Comikaze de este trimestre, la número trece, en el que hace un comentario sesudísimo sobre el cómic Kick-Ass, de Mark Millar y John Romita Jr., un libelo detestable publicado en otro libelo igual de detestable, el cual, además, tendrán que comprar, para enterarse bien del chisme, porque ese no está en línea. Caray, a dónde ira a parar el autor. Ah, miren, todavía queda una jericalla…

jueves, julio 28, 2011

Práctica

La primera vez en intentarlo le resultó un chapuzón de aquellos. La segunda vez fue sólo con el agua hasta los hombros, haciendo bucitos (pues no era cosa de morirse ahogado). Ya más adelante practicando en lo hondo, flotando suavemente y sin ser requerido por nadie, secándose al sol sobre la arena (orilla granulada, mitad yerbajos, mitad guijas del Jordán), pensando o sin pensar, a solas, en silencio. Cuando por fin caminó sobre el agua era ya todo un experto, y al roce de ese líquido oscuro (agitado, frío, en vaivenes) recordó ciertas cosas. Nada que pudiera explicarse justo en ese momento.

jueves, julio 21, 2011

Novena


Pequeños dioses: líbrenme de ella y de su amor de orfanato público, carente de todo y a la espera siempre de algo mejor. Aléjenme de su cariño a cuentagotas, tósigo letal en dosis concentrada para inmortales. Denme luz cuando su Arcadia oscurecida se filtre en mí, con sus raíces negras y su tierra gris como ceniza, con su calor vital como de madriguera.

O vuélvanme un santo varón sordo por si me invoca, por si provoca

en medio del bosque
un incendio gritando un incendio
en medio del bosque,

y me lanza como un anzuelo la letanía que me compusieron en Roma, y quiere que la rescate.

Y por sobre todas las cosas nunca, jamás, ni en esta vida ni en la que me espera, me cumplan algo de aquello que yo les pida. No me pelen, no me hagan caso, no atiendan mis súplicas. Déjenme hablando solo. Abandónenme.

jueves, julio 14, 2011

Talentos


Tú le gustas a los hombres.
Yo escribo.
Los dos tenemos, por así decirlo,
tareas irrenunciables.

jueves, julio 07, 2011

Habitante


Qué triste pronuncian tu nombre las cosas que fueron tuyas. Como si no te conocieran, como si jamás te hubieran visto. Se refieren a ti con un rápido ademán de manos, con un abrupto cambio de tema, con un pasar de hojas descuidado.

Pero bien que te recuerdan, las cosas. Bien que tejen contra ti una trama rigurosa de obviedades, o te guardan a capricho un mal intencionado silencio. Hacen mutis en cierto preciso instante, alaban sin querer otras formas, desean secretamente haber pertenecido a alguien más, para no contemplarme en la rutina estéril de las reconstrucciones.

Sí, quisieran olvidarte de golpe todas las cosas. Quisieran deshacerse de ti, ponerte un alto, un hasta aquí furioso y melancólico, un rebelarse de su monotonía de cosas, las cosas. Yo las dejo que sueñen. Yo las dejo que piensen que eso es posible. Yo las dejo que te llamen en silencio en el frío de la media tarde, a la hora en que nadie las aprecia tanto como tú solías hacerlo.

jueves, junio 30, 2011

Picnic con animal de casa


Las mujeres que tienden
sus cuerpos al sol,
¿qué esperan de mí?

Sus sueños llevan sombra
a seres voluntariosos
que nunca son como yo.

La tierra imita sus formas,
brotan de semillas

que no requieren luz,

y si sonríen,
si desnudas al oído

niegan haberme conocido,

dejan ver esa raíz
de donde nacen
el consuelo, el dulce alivio,

el tintineo
emitido por lo frágil
justo antes de romperse.

Me llaman
con cariño,
y voy.

Las miro y después,
ser vivo sediento,
al abrevadero regreso.

En el agua vive
un hombre
parecido a mí,

que siempre
tiene mi edad, que juzga
como juzgo yo,

que sincroniza
conmigo
su respiración.

Él vive
en ese mundo
donde todo está resuelto.

jueves, junio 23, 2011

Lumbre


Más oscura la tierra cuando una lengua se pierde. Una noche cerrada sobre una noche cerrada. Tinieblas. Ir por el mundo a tientas sabiendo de él ya nada. Nuevo mundo, mundo apenas. Sólo esta luz a lo lejos: el brillo de la materia consumiéndose, ardiendo en hogueras, palpando esa misma materia con manos de lumbre, entregando su forma a la nada. Nueva nada, nada apenas.

Amarillo fuego, rojo fuego, blanco fuego, y en medio de aquel fuego, lengua habitada de conjuros. Al final meras lenguas de fuego, brasa resuelta, rescoldo sin remedio. Frente a mí y encima de mí y a mis espaldas un negro silencio. A la distancia un mundo luminiscente dejando un hueco. En breve tampoco esto podré decirte. En ese resplandor desaparecen para siempre tu nombre, mi nombre, nuestro amor, su misterio.

jueves, junio 16, 2011

Fama


No voy a decirte lo que dicen los hombres enamorados.
Mis planes son otros.
Iré abriéndote las piernas
con el ardid de la inspiración inminente,
con magia barata,
recitándote la carta de amor
que otras más ya me habrán rechazado.

Para mí es rutina.
Para ti será la noche que has soñado
desde que tenías diecisiete,
cuando recortaste del periódico
mi retrato
por primera vez.

jueves, junio 09, 2011

Crianza


De aquella noche recuerdo que conocí a dos chicas que jugaban polo. Una de ellas menstruaba una vez al año y tenía una risa contagiosa, la otra tartamudeaba si le metías la mano entre las piernas, o si le preguntabas algo acerca de su madre. Castañas finas. Dejamos la fiesta y fuimos a meternos al hotel ese donde, en otro tiempo, tú rezabas antes de metértela en la boca, y yo me esforzaba por ser simpático sin lograrlo.

Nos desnudamos. Se sabían de memoria todas las partes del caballo y todas sus enfermedades y me las recitaron, luego una montó a la otra mientras me explicaba, muy a grandes rasgos, las reglas de su anhelo. La que estaba en cuatro coceaba. Una o la otra relinchó, o quizás las dos, al mismo tiempo. Me reí de buena gana y luego se me paró.

Animales buenos, yo les prometo que mi sexo aliviará sus temores, pero corren el riesgo de quedarse sin brida y sin freno y amarme locamente y sin remedio. Mis palabras fueron tan ciertas que lloraron, y lloraron, y lloraron. Buscaron consuelo, las suavicé con mimos (pero ya eran suaves), las hice mías con el fuete caliente de la necesidad.

Al alba decidimos regresar a la fiesta. Llegamos. El fuego lo había consumido todo.

jueves, junio 02, 2011

Séfora




Lo único que quiero hoy es echar una ojeada a esos pájaros
de fuera de mi ventana.
Raymond Carver


Era casi de mañana cuando te descubrí mirando los pájaros. Por entre las cortinas tus ojos grandes espiaban a la cuadrilla, gorriones ingleses variopintos afanados en abrir con el pico el grano, girando el cuello, viéndolo todo de lado, cuidándose por tiempos los flancos. Barullo, aletazos. A los más pequeñitos los llamabas hermanos, pero al más grande le pusiste mi nombre, y en otro idioma, repetidamente, le pedías que no se fuera. Él, me contaste después, te observaba fijo y atento, como si te entendiera.

Tu mano agitó la tela de más, sin querer, y se echaron a volar. Así se van las horas negras, dijiste volviendo a la cama con los pies fríos y el pelo recogido. Hecha un ovillo a mi lado cerraste los ojos, algo así como una sonrisa surcó tus labios, y te pusiste a escuchar el trino a lo lejos. Después de un rato tú también cantabas. Luego planeaste hasta el comedero, picaste y comiste, soltaste la cascarilla vacía del alpiste, tomaste agua y casi de inmediato algo gutural, arcaico, hacia mí, gorjeaste. No te hice caso. Miraba la sombra que detrás de aquella cortina se asomaba, sigilosa. Insistías en decirme no sé qué cosa cuando la tela se movió bruscamente. Entonces nos retiramos.

jueves, mayo 26, 2011

Madrugada


A deshoras, en el instante en que los ciclos habrán de reanudar su marcha, tras el breve reposo de la entraña animal que nos impulsa, atisbando a lo lejos las poquísimas vueltas en U que regala Dios, me he preguntado qué estarás haciendo.

A deshoras, cuando las fiestas a punto están de concluir, cuando se recogen los restos del cordero y nadie recuerda ya la inmolación, cuando al fin pasan todos los minutos y, desde el corredor, alguien te menciona de pasada, me he puesto a pensar en ti, y me he preguntado qué estarás haciendo.

A deshoras, en sitios que bajaron sus cortinas años atrás, en lugares que sólo tuvieron sentido para ti y para mí, o en un zaguán, bajo aquellos arcos, en el umbral de cierta casa, me he puesto a tocar a la puerta, y a los que atienden, temerosos de mi presencia, les voy preguntando qué estarás haciendo.

A deshoras, porque mi dolor me da vergüenza, porque nuestro amor fue siempre un meridiano clandestino, porque hablo solo y en voz alta y eso a la gente le da miedo, espero a que se apague la última luz, y entonces me pregunto qué estarás haciendo.

Y sin falta a deshoras, por valles que conducen a otros valles, por los pasillos de la cueva donde ahora me escondo, por el desfiladero que me lleva siempre a ciudades en ruinas, cotejo mapas, sigo los astros, abro un surco, prendo fuego, y justo después de haberlo hecho todo, miro una a una tus fotos, leo de nuevo tus cartas, y casi sin querer, sin darme cuenta, me pongo a insistir en ti, y me pregunto qué estarás haciendo.

jueves, mayo 19, 2011

Paseo nocturno


Saldremos esta noche a mirar las estrellas. Vendrá la luz a tu rostro atravesando sitios que Dios creó aún no sabemos muy bien para qué, y el monstruo que detrás de las nubes brilla, que con su vientre de relámpagos nos alumbra, hoy no llegará.

Hoy, tomados de la mano, abriendo con tu risa este silencio, miraremos la ráfaga titilante de los astros, su paso secreto por el mundo, y ningún fantasma, de aquellos años en que no estuvimos juntos, podrá esta vez encontrarnos, porque seremos oscuros y no habrá signos que delaten nuestro avance.

No diré tu nombre. Te llamaré por los que te he puesto con el correr de los días, mirándote romper un pacto, señalar en mi mano la línea que habla de ti, reconocer entre la multitud mi aroma de cuatrero solitario, amo y señor de la nada.

Estábamos predichos para esta noche. Hablaron de nosotros en otros tiempos y con otras formas, hombres sabios y mujeres magas y un genio loco, y en su decreto inescrutable, en su antiguo designio, en el arcano visto apenas en una tirada de cartas, aparecía ya, sin falta, esta noche.

Así que saldremos. Dirás de memoria las ciudades que te han hospedado, caminarás descalza porque nadie puede contigo, y me llamarás tu dios y tu siervo, tu escudo y tu espada. Entonces levantarás tu falda y señalarás la cicatriz del territorio donde antes estuvo tu corazón, y yo te llevaré a tientas por el terraplén, te mostraré la zanja donde el obús del amor dejó un hueco profundo y estéril, y compararemos los certeros zarpazos que por poco nos han desahuciado. Esas serán nuestras nupcias. Esos nuestros regalos. 

martes, marzo 15, 2011

Todas las noches en el confín del mundo


Si tu corazón es un motivo oscuro, aliméntalo. Conságralo a un sitio luminoso del que sólo tú tengas la llave. Ármate. Ten a la mano la respuesta cuando alguien te pregunte sobre aquel año siniestro, la cosecha que no se cumplió y el amor sembrado inútilmente. No te detengas. Voltea sólo si te llaman por tu nombre, o si el raro sabor de algo nunca probado te recordara eso que ya sabías, o si por fin llegaran esas palabras que esperas; pero si el agua es dulce, o si acaso acampas en acres sagrados, puéblate. Mira en el espejo al tipo que vino ayer a buscarte, no le creas nada, su rama está extinta en el árbol genealógico de los ivanes, y aunque todo lo que dice sucedió y es cierto, pronúnciate.

Que la constelación de Orión se desprenda pronto de sus goznes de polvo y nada, y que caiga ardiendo frente a tu casa y que te ilumine, que se consuma hasta sus heces, para que tú por fin lo veas todo y nadie te engañe, para que no palpes a oscuras allí donde deberían estar y no halles.

No olvides pedirle a tu dios que exista la palabra para invocarla, que salga de los muros que la guardan, que para derribar esos muros exista la máquina exacta, el trabuco fino de los aleluyas, de los te esperaba, del jardín que sueña con la tierra de otros sitios, de la invitación a los palacios y del placer de rechazarla. (Yo tengo un reino, diles, yo tengo un himno que me cantan en los días de gloria, un séquito, una yegua que en la grupa lleva mis siglas y que a veces duerme conmigo).

Recuerda además que nuestros nombres sólo sirven en este mundo pero que tendremos otros, que el viento que sopla horada montañas, y que una mañana, Buda te soñó mientras reposaba de su cavilación contra las repeticiones. Pero no temas: todas las noches en el confín del mundo habrá un lugar secreto en esta Tierra, y desde ese lugar secreto, alguien vendrá y te amará.

Siempre tuyo,
El forastero que vive contigo. 

lunes, marzo 15, 2010

Telegrama

No en el confín del mundo, no en la puntualidad del hombre doloroso, no bajo las piedras de otros templos. Pero escóndete.

Sí comparsa de Pablo contra los buenos, sí anfitrión en galas de impostores, sí recuerdo malo de un amor perdido. Pero niégalo.

Y si te mordieron y mordiste, si te olvidaron y olvidaste, si crujió bajo tu pie un Durmiente, lloró cuando la penetraste aquella virgen, expusieron tu ingenuidad ciertas cosas que recuerdas siempre que estás solo, sábete: no existe el eco: es tu voz que avanza a tientas entre corazones como muros.

Ahora ven. Háblame a detalle de las mujeres que se durmieron jovencitas, esperando mi duro palpitar entre sus piernas, y despertaron mustias y rancias, casi santas. Imítalas, dime sus nombres, no omitas nada. Es trabajo nuestro el de arreglar algunas cosas.

Siempre tuyo,
el forastero que vive contigo.