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Tomado de Menéndez Flores, Javier y Joaquín Sabina, Yo también sé jugarme la boca. Sabina en carne viva, Ediciones B, México 2007, p. 59.
Berton: Lo explicaré. No me di cuenta en seguida; lo entendí al cabo de un rato: el niño era muy grande. Enorme es poco decir. Extendido horizontalmente sobre las aguas, el cuerpo se elevaba a unos cuatro metros por encima del océano, lo juro. Recuerdo que en el momento en que toqué la ola, el rostro del niño estaba un poco más arriba que yo, y sin embargo, en mi cabina, yo debía de encontrarme a una altura de por lo menos tres metros.-----------------------------------------
** En las imágenes, A Girl, obra del escultor Ron Mueck en la Academia de Artes de Edimburgo, durante una exposición retrospectiva de su obra -figuras humanas en escalas gigantescas- en agosto de 2006.
* Texto de Solaris, de Stanislav Lem.
25. No soy mala hierba,
sólo hierba en mal lugar...
Enrique Bunbury, Sácame de aquí
Felicidades blog. ¿Cómo? ¿Que te pone triste cumplir años? A mi también.
Uno. Viendo los nuevos anuncios de Axe, recordé la escena de la película aquella en la que un tipo trata de impresionar a una mujer recitándole Táctica y estrategia, de Mario Benedetti. Para su sorpresa, la muchacha lo interrumpe y concluye ella misma el poema. “Yo también he leído a Benedetti”, le dice. Pensé que Axe podría retomar la escena sin mayores complicaciones: llega un tipo con un libro y comienza a leerle a la guapa señorita. Ella, absolutamente seria, lo mira fijamente como diciendo “por favor, vete”. En ese momento la voz en off entra y dice: “Cuesta cien pesos menos que una antología de Benedetti, pero funciona”.
Dos. He reflexionado sobre el libro de Santiago Gamboa, El síndrome de Ulises (Seix Barral, 2005). Parece como si los escritores, en los últimos años del siglo XX y en los que ya se acumulan del XXI, tuvieran la imperiosa necesidad de despojar a la literatura de su pertinente capacidad de fabulación. Peor aún, asumen que las vidas de los estudiantes de literatura aspirantes a escritores son anecdóticamente suficientes como para convertirlas en relatos novelados, y así disfrazar el acontecer cotidiano de un supuesto ejercicio de imaginación.
De la pedantería de la vanguardia se quedan sólo con la pedantería, y la distancia entre autor y obra se socava, arropados en un discurso que puede resumirse en “yo soy mi obra”. De escritura ágil y, por lo mismo, de fácil lectura, El síndrome de Ulises pretende hacernos creer que lo literario es inherente a la vida del escritor. Y entonces la cosa es fácil. Los payasos no montan un show para hacernos reír: creen que la gracia estriba en verlos pintarse la cara frente al espejo de su cuarto.
Tres. Eduardo Milán, poeta uruguayo avecindado en México, puede estar dando su mejor curso hasta ahora en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Supuse que mi reencuentro con él sería algo áspero, pero no. En la primera clase quedó zanjado el asunto. Dijo Milán: “porque nos debe quedar claro que no podemos decir cualquier cosa”, y volteó y me miró. Para que me quedara claro, repitió la frase mirándome. Listo. Mi estupidez juvenil parece disculpada.
Después, el anecdotario. Pregunta el poeta con quién leímos a Dante. El grupo responde que con la italiana Paola Leoni. Pregunta el poeta con quién vimos a Jakobson. El grupo responde que con la japonesita Ana Tsutsumi. Al preguntar con quién analizamos Las Meninas de Velázquez, el poeta se adelanta y pregunta divertido si fue con algún neozelandés. Peligrosamente comienzan las referencias a la poesía medieval. Me propongo a mí mismo que si el poeta pregunta con quién leímos a Guido Cavalcanti, yo responderé divertido que con el uruguayo Eduardo Milán. Pero me quedo con mi chiste. Recuerdo las palabras iniciales y me digo: no se puede decir cualquier cosa, Valdés, no se puede decir cualquier cosa. No importa que esta vez sí vengas al caso.
Cuatro. Nuestro clamor favorito de la semana: ¡Por lo que más quieran, dejen ganar al wampa!
Post suspendido hasta que todos seamos adultos.
O hasta que fráncamente ya no me importe.
Hasta entonces.