jueves, septiembre 07, 2006

Iván el equilibrista

Hablar de los muertos es hablar de uno mismo, de las cosas que nos pasaron cuando éramos niños, de un corazón entre las sábanas que era como una isla, tibia y sola como una hermana coronada y roja. Como granada.

Hablar de esos años es ganarle a la ausencia en partido arreglado, los idos uno Iván cero, es mirarle los hilos a la gracia, espiar al mago entre la gente o saber que a la larga ella terminaría largándose.

Hablar de la víspera es contar las mañanas con los dedos, mirar como mira la alegría un ciego, soñar la caricia dura del homicida y su patente de corso contra tu ternura. Es dar un golpe y salir corriendo, en pie de lucha un botín de luz. Una ilusión.

Pero en tu casa buscaré la condición del azar, el estanque del maharajá, la maldad que te di. La canción de Goliat.

miércoles, agosto 30, 2006

Carta al blog

Has cumplido un año, querido blog, y no he hecho de ti la gran cosa. Comprendo que nuestra relación es como la de un padre con un hijo, y como buen padre que soy te comparo con los demás blogs, y lo hago porque los especialistas recomiendan no hacerlo, pero qué saben ellos de tener un blog. Te miro y los miro, y no eres mejor. Y me gustaría gritarte y señalarte a los demás y exigirte que fueras como ellos, que no fueras tonto ni torpe, ni que llores como niñita, y mandarte al diablo cada vez que quisiera.
Entonces me entra algo así como un amor de padre, y me compadezco de ti, porque estás todo el tiempo a mis expensas. Y para que me perdones pienso en hacerte una fiesta, de esas en las que pasan muchas cosas y todos se divierten. En ese momento me doy cuenta que no he hecho de ti la gran cosa, y recuerdo cómo a otros blogs los visita mucha gente, y les hacen muchos comentarios, y tienen lectores espontáneos y son famosos. A tu fiesta no vendría nadie, o casi nadie, porque estarían pendientes de otros blogs que sí son la gran cosa, como más divertidos, más ocurrentes, y tienen amigos que a su vez tienen amigos y entre todos se quieren.
Quién te quiere a ti no sé, pero a veces yo. No es mucho, pero es algo. Porque a ti nadie te recomienda en ningún lado, ni has hecho amistades con otros blogs al grado de tener chistes locales, visitarse diario y encargarse cosas. Es mi culpa. No es el mundo real y no llegará el día en que te escribas tú solo, en ir por el mundo sin acordarte de mi. Qué le vamos a hacer.
Pero tú eres el blog, blog, como diría Marty McFly, así que en lugar de fiesta salí a buscarte un regalo. Pensé en comprarte unos lápices y un cuaderno, hasta que comprendí que eso era bastante estúpido. En vez de eso te compré un sombrero con luces de colores. Según el vendedor, ya puesto luce así:

Felicidades blog. ¿Cómo? ¿Que te pone triste cumplir años? A mi también.

lunes, agosto 28, 2006

¡Me quiero volver chango!

Uno. Viendo los nuevos anuncios de Axe, recordé la escena de la película aquella en la que un tipo trata de impresionar a una mujer recitándole Táctica y estrategia, de Mario Benedetti. Para su sorpresa, la muchacha lo interrumpe y concluye ella misma el poema. “Yo también he leído a Benedetti”, le dice. Pensé que Axe podría retomar la escena sin mayores complicaciones: llega un tipo con un libro y comienza a leerle a la guapa señorita. Ella, absolutamente seria, lo mira fijamente como diciendo “por favor, vete”. En ese momento la voz en off entra y dice: “Cuesta cien pesos menos que una antología de Benedetti, pero funciona”.

Dos. He reflexionado sobre el libro de Santiago Gamboa, El síndrome de Ulises (Seix Barral, 2005). Parece como si los escritores, en los últimos años del siglo XX y en los que ya se acumulan del XXI, tuvieran la imperiosa necesidad de despojar a la literatura de su pertinente capacidad de fabulación. Peor aún, asumen que las vidas de los estudiantes de literatura aspirantes a escritores son anecdóticamente suficientes como para convertirlas en relatos novelados, y así disfrazar el acontecer cotidiano de un supuesto ejercicio de imaginación.
De la pedantería de la vanguardia se quedan sólo con la pedantería, y la distancia entre autor y obra se socava, arropados en un discurso que puede resumirse en “yo soy mi obra”. De escritura ágil y, por lo mismo, de fácil lectura, El síndrome de Ulises pretende hacernos creer que lo literario es inherente a la vida del escritor. Y entonces la cosa es fácil. Los payasos no montan un show para hacernos reír: creen que la gracia estriba en verlos pintarse la cara frente al espejo de su cuarto.

Tres. Eduardo Milán, poeta uruguayo avecindado en México, puede estar dando su mejor curso hasta ahora en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Supuse que mi reencuentro con él sería algo áspero, pero no. En la primera clase quedó zanjado el asunto. Dijo Milán: “porque nos debe quedar claro que no podemos decir cualquier cosa”, y volteó y me miró. Para que me quedara claro, repitió la frase mirándome. Listo. Mi estupidez juvenil parece disculpada.
Después, el anecdotario. Pregunta el poeta con quién leímos a Dante. El grupo responde que con la italiana Paola Leoni. Pregunta el poeta con quién vimos a Jakobson. El grupo responde que con la japonesita Ana Tsutsumi. Al preguntar con quién analizamos Las Meninas de Velázquez, el poeta se adelanta y pregunta divertido si fue con algún neozelandés. Peligrosamente comienzan las referencias a la poesía medieval. Me propongo a mí mismo que si el poeta pregunta con quién leímos a Guido Cavalcanti, yo responderé divertido que con el uruguayo Eduardo Milán. Pero me quedo con mi chiste. Recuerdo las palabras iniciales y me digo: no se puede decir cualquier cosa, Valdés, no se puede decir cualquier cosa. No importa que esta vez sí vengas al caso.

Cuatro. Nuestro clamor favorito de la semana: ¡Por lo que más quieran, dejen ganar al wampa!


martes, agosto 08, 2006

Carta abierta a AMLO

Estimado Andrés Manuel López Obrador.

Los niños del cuadro de honor del sexto año de la escuela primaria “Lucas Alamán”, vemos con preocupación, por lo que solicitamos exámenes de la vista y lentes nuevos a las autoridades competentes. Le informamos además que nos sumamos, nos restamos y nos multiplicamos, y también a veces nos numeramos y hasta nos tomamos distancia. Por ello, nos unimos para afirmar, categóricamente, que:

Wenceslao juega waterpolo

Reiteramos, además, que no hay que hablar con extraños, que debemos lavarnos las manos antes y después de ir al baño y que si nos pica la colita, en una de esas tenemos lombrices.

Atentamente

Pedrito, Perlita, El Chango, y dos firmas más.

jueves, agosto 03, 2006

Los Supersabios

Post suspendido hasta que todos seamos adultos.

O hasta que fráncamente ya no me importe.

Hasta entonces.

lunes, julio 31, 2006

"Disculpe, ¿cuánto le costó su Peje?"

Lo mejor de las asambleas informativas de Andrés Manuel son los suvenirs. Aquí, unos que conseguí en las últimas dos marchas:


El muñequito trae chupones en las manos, para pegarlo en las ventanas del coche y que vaya soltando sus rayitos de esperanza por las avenidas. La taza, esa como que se despinta a la segunda lavada, así que o sólo se enjuaga después de usarse, o de plano se exhibe junto con la cristalería de Bohemia de la casa.

(y ya le manejo lo que es la actualización):

Aquí, una linda postal de la Tercera Asamblea Informativa:

(Para más fotos de la concentración del domingo pasado, o simplemente otras buenas fotos, visiten el fotoblog de Enrique Escalona, linkeado aquí al ladito. Recomendable).

PD. Hasta las diez de la noche de este lunes 31, los campamentos en la plancha del Zócalo estaban todos colocados. Saliendo del metro con el mismo nombre, la verbena popular seguía: un grupo de mariachis cantaban aquella de “La media vuelta” y la gente coreaba, bailaba y aplaudía. Los comedores públicos seguían en servicio, y de cenar servían huevos revueltos con salsa verde, frijoles refritos y dos tortillas (de buen sabor, por cierto). Sobre las avenidas Madero y Juárez, pequeños grupos se congregaban para ver los videos de Luis Mandoki o alguno de los reportajes del Canal 6dejulio, delegados y exdelegados visitaban sus respectivos campamentos y seguían jugándose ajedrez y domino en algunas carpas. Los restaurantes de comida rápida –McDonalds, Burger King, Subway y KFC –seguían abiertos y en servicio, al igual que los 7Eleven y el Starbucks de Gante; algunas misceláneas estrenaban su servicio de 24 horas, siguiendo el ejemplo del Sanborns que está frente a Bellas Artes.
Por la presencia nutrida de niños, una pequeña feria en Juárez echaba a andar una vez más, las tiendas de campaña cercanas se iluminaron de pronto, y los niños daban vueltas y gritaban.

domingo, julio 16, 2006

De la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios

"Hermanos: Para que yo no me llene de soberbia por la sublimidad de las revelaciones que he tenido, llevo una espina clavada en mi carne, un eviado de Satanás, que me abofetea para humillarme. Tres veces le he pedido al Señor que me libre de esto, pero él me ha respondido: 'Te basta mi gracia, porque mi poder se manifiesta en la debilidad' ".
12, 7-10

viernes, julio 14, 2006

Mis días entre los árboles fluyen como un sendero luminoso

De vuelta a las ruinas que fueron su vida, ¿qué hará el hombre consciente? ¿Y el sentimental, el puro romántico? ¿Colocarán piedra sobre piedra, codo a codo, hasta el amanecer? Porque el derrumbe es un reino apresurado, sigilo que sucumbe ante la urgencia de ser una calle, una lluvia entre la gente, un amor. ¿Ser el rey de los escombros? ¿Dar voces entre lo que fue y ahora no es sino una fría sentencia de la nada? Hay hombres que apuran el paso y al doblar la esquina encuentran el futuro, la paz deseada, un hogar. Están los que no corren, los que prueban sus alas por años antes de echar a volar, los que miran los mapas. Y está el torpe que esto escribe.
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Hoy soñé. Levanté la bocina y ahí estaba yo, hablándome de urgencia desde un teléfono público, a mitad del drama, queriendo advertirme de algo que me sucederá en su pasado. Que se ha visto tan triste que no podré reconocerme cuando en un aparador sin querer me refleje, que he combatido al león y no salí vivo, que mis días entre los árboles fluyen como un sendero luminoso. Ante todo me pidió no llorar, ser como las rocas que aunque las piquen insisten en ser rocas, atreverme a apagar la luz cuando estoy solo, aprender a besar.
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Las tardes en que soy yo mismo soy un gran orador: pongo un puño de tierra en mi boca y trato de adivinar lo que estoy diciendo. Las otras tardes quisiera ser el único cartero del mundo, el último descendiente del mono, la espada que se rompe antes de atacar. ¿Podrá Dios crear al hombre que lo sea todo en todo? ¿Mi mejor amigo, el amor platónico de la mujer que me dejará por él, el hombre justo que se combate a sí mismo porque él mismo es el tirano? No lo sé, pero conozco un lugar donde todas las tardes nombran una por una a toda la gente que conocí y no amé, que me conoció y no me amó.
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Esto dice el Salmo 7:
“Señor, Dios mío, si algo de esto hice,
si hay en mis manos injusticia,
si a mi bienhechor con mal he respondido
si he perdonado al opresor injusto
¡que el enemigo me persiga y me alcance,
estrelle mi vida contra el suelo,
y tire mis entrañas por el polvo!”
Y termina diciendo:
“Doy gracias al Señor por su injusticia”.

jueves, julio 13, 2006

I'm not a lucky guy

Disculpe, amigo lector, si me embarga la tristeza. Pero existen días así, disciplinados en su convicción de molestarlo a uno, sin mayor gracia que ver la cara de imbécil que uno les pone. Ni la astucia, ni el chiste blanco, ni el pequeño asunto de la maravilla, valen algo contra su milagrosa capacidad para hacer daño.
Que Dios no lo quiera, amigo lector, ni su destino tampoco, ponerlo frente a transes tan tristes como un corazón roto, un amigo perdido o un esfuerzo consagrado a la nada.
Le deseo, en cambio, que sus sueños se cumplan, que atestigüe milagros, que crea y tenga fe ciega en el amor y que éste no lo defraude. Si algo de esto le sucediera en contra, no dude en decírmelo. Pero créame cuando digo que no encontrará en mí palabras de aliento, ni abrazos ni pañuelos para la pena. En cambio le diría que nos vieramos para beber, en el bar aquel en el que ya nos conocen, y burlarnos el uno del otro diciendo “pero mírate qué triste estás”.
Discúlpeme, amigo lector. Hoy no ha sido un buen día. Hoy soy otro.

sábado, junio 24, 2006

Para que los ausentes no falten, acérquese

El viernes fue un buen viernes, de esos que hay pocos y son raros. No me perdí, aunque nunca había ido yo hasta la UAM Iztapalapa. Tampoco perdí, porque me llevé el tercer lugar en el concurso de creación del VII CECIL 2006, aunque en el diploma dice “segundo lugar” y a mí me sabe como si me hubiera llevado dos premios juntos. Algún día el pequeño cuento de La cena se publicará bajo su nombre definitivo, Parras o la sonrisa, y será muy famoso y hará llorar a las muchachas lindas. Pero por el momento se plantó, y ganó un lugar que su autor, el que esto escribe, ni siquiera había considerado. Los pequeños son afortunados, y a pesar de haberse enviado al cinco para la media noche del último día de la convocatoria, se coló hasta el final, y quedó entre los primeros. Y hasta allá fui yo a recogerlo, y a recoger los libros que se había ganado. Lo festejé con vino blanco, cervezas, sopas Maruchan y agua de limón, y se mojaron un poco él y los libros que ganó porque estaba lloviendo, y yo sin mochila porque no esperaba volver a casa con las manos llenas. (Pero en la premiación nos encontramos a Edgar Rivas, el mismísimo director de Registro y artífice de las sopas Maruchan, y de lo que aquí hayamos omitido él podrá dar cuenta cabal).
Ahora, una foto de mi boda.
Bien, amigo lector, ya nos dimos cuenta que sí estás poniendo atención. Ahora sí, una foto del diploma y de los libros que ganó el cuento y que recogí yo, aquel vienes que fue un buen viernes, de esos que hay pocos y son raros.

jueves, junio 22, 2006

The Absolute Man


Hay que verlo salir del auto, enfurecido, sacar a Ali MacGraw del asiento delantero, recargarla en la puerta y comenzar a golpearla para saber, inmediatamente, que Steve McQueen está teniendo un mal día. Al final se reconciliarán en medio de un tiradero de basura, dentro de un Volkswagen partido por la mitad, y lograrán no sólo quedarse con el dinero del asalto al banco, sino cruzar la frontera con México. Al final el día terminaba mejor.
Pero casi nunca era así. Ya antes había combatido una masa chiclosa del espacio exterior; había logrado sobrevivir, junto con Yul Bryner, a la defensa de un pequeño poblado mexicano e intentado hacer de su huída en una motocicleta alemana, un gran escape. Terminaba vivo y solo, y no eran finales felices.
Siempre ileso, las heridas las llevaba por dentro, y acaso ir perdiendo los dientes en su papel de Papillon fuera más sencillo que moler a golpes a Ali MacGraw en la vida real, cuando estuvieron casados. Portó un arma en su papel de Frank Bullit, e hizo de San Francisco su pista de carreras, pero cargo una pistola por el resto de su vida cuando supo que el azar, o la fortuna, le hizo faltar a la cita en casa de Sharon Tate el día que Charles Manson irrumpió en ella.
Pudo haber actuado con Audrey Hepburn en Breakfast at Tiffany’s, pudo ser Harry el Sucio, ser parte de Apocalipsis ahora, ser alguno de los dos en Butch Cassidy and the Sundance Kid, hacer El guardaespaldas antes que Kevin Costner, y perseguir a Rambo en First Blood. Pero la fortuna que lo salvó también lo alejó de todas ellas, y prefirió enfermarlo de cáncer y hacer de sus últimos años una pista de carreras donde su Ford Mustang del 68 competía contra la muerte.
Al final perdió. Cruzó la frontera y murió en Ciudad Juárez. Lo más cercano que tuvo a un final feliz fueron esas últimas escenas de La huída. Pero cuando “The Man” lo vencía a él, “The Cincinnati Kid”, en un partido de póquer prolongado por horas, y al salir de aquel juego un niño de color lo reta a un juego de rayuela, y también pierde, la historia se equivocaba. No perdía el niño, sino el hombre. El Hombre.

miércoles, junio 14, 2006

Those were the days

No sabía que lo recordaba.
Hace mucho tiempo, de niños, jugabamos a construir un fuerte. Luego lo derrumbabamos con nuestros pies, y el pequeño fuerte volvía a su estado natural de arena. A veces lo inundabamos, y los valientes soldados verdes flotaban buscando reagruparse. Hacia calor y vestíamos camisetas blancas, escondidas bajo los manchones de la batalla. Entonces nos llamaban y saliamos corriendo, escondidos del enemigo con olor a sopa y a trastes limpios. Fraguabamos el siguiente escondite, la próxima misión entre los matorrales. Aquel viejo perro tan querido nos ladraba. Eran grandes victorias.

miércoles, junio 07, 2006

¿A dónde se fueron todas las carpas?


Si lo posible es posible, entonces no me cabe duda que las carpas, simplemente, le plantaron cara a su destino. ¿Por qué depender para siempre de la gentileza de los extraños, que las alimentaban con galletas de animalitos por simple diversión dominical? Horadaron el piso, gordas y muchas como eran, hasta vislumbrar el camino rumbo al paraíso de las carpas. Ahora o nunca, patria o muerte, venceremos. Una legión que seguramente pasó lista antes de descubrir, en la caída, el pecado de hybris que estaban cometiendo: no basta ser carpa ni ser gorda, para escapar del sino que nos aguarda. No creyeron posible ser juguetes del destino.
Sin embargo las entiendo. Desde el fondo del lago, la mano que alimenta el mundo debe verse rodeada de destellos de luz, como una luminosa manifestación ondulante de un poder lejano e inaccesible. Debe ser angustiante.

domingo, junio 04, 2006

Cirilo o la selva oscura

Como dijo Gómez, “ah, carajo”. Resulta que el tiempo, como siempre pasa, pasa, y esta señorita se ha encargado de demostrarlo. No cabe duda que la Paleta, ella sí, solita, es otro boleto. De la pequeña Maria Joaquina que daba de vueltas en el Carrusel ya sólo queda el corazón roto de Cirilo, pobre, con su carita de angelito negro. Si a la niña rica la mareaba tanto dinero, a Cirilo sólo lo mareaban las vueltas en los caballos; pero, con las vueltas que da la vida, los mareos ahora los sufren todos los “lectores” de H, que han hecho de este número el más hojeado del Vips –algunos, con lágrimas en los ojos, le han arrancado el póster, me informan –y el único agotado en los 7Eleven. ¿Será que infancia es destino, y todos guardamos en nuestro corazón un pequeño Cirilo al que, para siempre, le meterán balín en su colección de balones y las rubias lo batearán despiadadamente, hasta hacerle escupir los dientes, cual Kirby Puckett? ¿Una onda así como del Dante, pero al que encima de llevarlo a ver los castigos, se los aplicaran también a él? “Chance”, diría Gómez. Porque entonces sí, mirando esos ojos y un tal bikini tejido, a la distancia podríamos decir que aquella resultó ser, en verdad, una divina comedia.

sábado, junio 03, 2006

RIMAR

En caso de incendio, rime. Si su tripulación lo traiciona, rime. Si su corazón lo delata, rime. Si un amigo de la infancia lo acusa, rime. Si la mujer del tranvía lo señala, rime. Si un viejo amor volvió, rime. Por si las moscas, rime. Rime por no dejar. Si su casa arde, si el valiente duda, si la estirpe se constipa, si un ciego lo mira, si el árbol no vuelve, rime. Si rima, rime. Rime, siga rimando, no pare de rimar.

lunes, mayo 01, 2006

La calabaza de agua y el fuego


Y dijo mientras sonreía imperceptiblemente:
-...Tan solo somos una calabaza de agua y no basta para apagar el incendio: pero ¿es que eso significa que el agua no puede hacer nada contra el fuego?... ¿es que puede decirse una cosa semejante?...¿es que podría decirse...?

En André Schwarz-Bart, La mulata Soledad, Aguilar, España, 1973.

lunes, marzo 27, 2006

¿Listo, Kelvin?*

1921 - 2006

-Listo, Moddard - respondí.
-No te preocupes por nada -dijo Moddard -. La Estación te recogerá en vuelo. ¡Buen viaje!

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*Último díalogo entre Chris Kelvin y Moddard, antes que el primero emprenda su viaje hacia la estación espacial estacionada en Solaris. En Lem, Stanislav, Solaris, Minotauro, España, 2000.

La redención imposible


Stanislav Lem “colaboró” con nosotros en mi primer número como director de Mediaciones. Yo escribí acerca de Solaris, y él ilustró los interiores. Jamás lo supo. Aquí uno de los dibujos que ilustraron el número:

Stanislav Lem, La curvatura del tiempo.

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Después de todo, Chris Kelvin sale a conocer el mar de Solaris. En una de las formaciones plasmáticas que se erigen sobre él, Kelvin logra ver una ciudad en ruinas, o algo muy similar a una ciudad en ruinas. Así la describe Lem: "Creí ver las ruinas de una ciudad arcaica, una ciudad marroquí, desquiciada por un terremoto o algún otro cataclismo. Divisé una intrincada red de callejuelas sinuosas, obstruidas por escombros, callejones que descendían bruscamente hacia la orilla bañada de espumas vistosas; más lejos, se perfilaban almenas intactas, bastiones de contrafuertes desconchados; en los muros combados, derruidos, había orificios negros, vestigios de ventanas o troneras. Toda esta ciudad flotante, peligrosamente inclinada hacia un lado, como un navío a punto de zozobrar, se deslizaba a la deriva, girando lentamente sobre sí misma".
La escritura del pasaje es muy similar a la prosa de Borges, de quien Lem fue atento lector. Por ello recupero aquí las palabras que, siendo originalmente para Tadeo Isidoro Cruz, bien pueden resumir el conflicto emocional de la novela de Lem: "Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es".
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La maquina de Trul habla de un robot que no conforme con no poder sumar, se vuelve un tirano. Con el paso del tiempo -leí el cuento en preparatoria-, he llegado a pensar que el problema no era el robot sino su tiranía. Por eso le dedico esta tira de Liniers a Lem, esperando que le haga gracia donde quiera que esté:

(¿Más de Liniers? Visite Cajón Desastre)

miércoles, marzo 15, 2006

Happy birthday, Mr. Ivan

Que cuando me miren pasar digan: “ah, el astuto”. Que cuando sepan de mi gloria dejen su mesa y vayan y me abracen. Que mi enemigo lea de mí y me perdone, que los barcos regresen la noche previa a mi funeral. Que tengan guirnaldas las mujeres jóvenes que correrán a mi encuentro, que guarden su primera esperanza para mí. Que mis esclavos digan “fue un buen amo”, que mis amos digan “fue el mejor esclavo”. Que crean que soy un gran hombre y que sea cierto, aunque ciertas niñas del valle guarden cartas que no respondí. Que me aplaudan y me apene; que sea mi adversario, y no el tiempo, el que me de la razón. Que tu rostro se ilumine cuando me mire.

viernes, marzo 10, 2006

Vagamundo

Al diablo lo delatan sus pies, su olor a azufre, su belleza y su soledad. En ese orden. Así lo demuestran los distintos testimonios que dan cuenta de su existencia: la mujer que lo encontró en el elevador a solas, el hombre que durmió con él, la pata de cabra en el retrovisor del joven taxista. También el asesinato irresuelto, la aliteración en la vanguardia, las mujeres pelirrojas. Si usted llegara a encontrarlo, no dude en reportarlo. A usted lo delatarán su amor propio, su egoísmo, su deseo de riqueza y su poco amor al prójimo. Nunca en ese orden.

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¿Le gusta a usted el amanecer? Lea esto:
EL AMANECER
¿Le gustó? Vuelva a leerlo.

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Los viajeros en el tiempo volvemos con las manos heladas y el pelo blanquecino. Guardamos cierto olor que el jabón perfumado no logra ocultar –el neutro lo fija y nos mancha la ropa –. Dormimos en galpones, entre la paja, en los aposentos de Luis XVI. Abandonamos todo lo que llevamos en los bolsillos antes de regresar a casa –la carta hallada a Malmenor fue enviada a Consejo y se le ordenó nunca más volver a viajar-, por miedo a olvidar quiénes somos en realidad. No hay listones en los árboles ni bienvenidas. Sólo volvemos y esperamos. Querríamos quitar el vapor del espejo y mirar. No querríamos quitar el vapor del espejo y mirar.
Hoy, que persigo a Malmenor –“soy un fugitivo temporal”, escribió en las paredes del Consejo -, que he recibido la orden de capturarlo vivo, de ir a donde él vaya, recuerdo que no llegaré a cenar. Los viajeros en el tiempo carecemos de puntualidad.